Uma resenha de Eduardo Montes-Bradley de Azul-corvo/Azul cuervo para o Nación Apache.
O texto de Eduardo é uma maravilha em si, independente de resenhar meu livro ou o que quer que seja. Mas é claro que dá uma satisfação imensa me deparar com uma leitura que em vez de pregar rótulos procura demoli-los.
Azul cuervo
Por Eduardo Montes-Bradley
Los cuervos son criaturas extraordinarias. También sociedades secretas. Digo: hay sociedades secretas que hacen honor a los cuervos, y hay cuervos que se apiñan en secreto elaborando estrategias de supervivencia. En Charlottesville se dan ambos casos. La Universidad de Virginia alberga a la Raven Society, en el bosque -que encapsula el lugar donde vivo- hay cuervos que insisten en demostrar que son capaces de guardar secretos. Es cierto, son azules, de un azul metálico que también puede encontrarse en el interior del abalón, en la profundidad del mar. No de todos los mares, de algunos. Por ejemplo: frente a la playa de Copacabana.
“Azul Cuervo” es también una novela escrita por Adriana Lisboa. Las críticas se empeñan en decir: “una novela de la brasileña Adriana Lisboa”. Digo: la crítica no entiende, se empeña en clasificar, etiquetar, describir lo indescriptible. Lisboa no es una ciudad, Lisboa no es fácil de catalogar, de doblar, de acomodar, de institucionalizar. Terminé de leer la novela de la mujer que tiene el mismo nombre de capital tercer-mundista-europea cuando el Dash 8-100 de United Airlines tocaba el extremo Norte de la pista de aterrizaje en el aeropuerto en Charlottesville: “Y lo fue”, fueron las últimas palabras con las que la escritora que ya no es de Brasil concluyó. El aterrizaje fue violento, la lectura no. Me gustó terminar el libro justo en ese momento. Ni antes ni después. El avión y yo acabamos juntos.
Me gusta como escribe Lisboa en portugués. También en español, en inglés y en francés. Curiosamente Lisboa puede leerse en cualquiera de esos idiomas conservando su condición de surfista. Es curioso: ni siquiera los traductores consiguen hacer que la escritora vuelque. Dice: “El frío no necesitaba personas que lo inventaran”, y acierta. “Azul Cuervo”, que poco y nada tiene que ver con la búsqueda de una identidad precaria (qué más preocupa a los críticos que a los escritores de verdad) esboza un recorrido curioso, único, del que no hay retorno. Por momentos creo estar releyendo a Martínez Estrada. Lisboa es una antropóloga de la sensualidad, “Azul cuervo” un manual que sirve para entender el origen de las substancias anti-tropicales, para descubrir el paisaje lunar del desierto, la singularidad de una vida hecha de retazos.
Lisboa escribe cuervos, como ninguna Lisboa tiene pena de malecón: “Mi padre podía ser un hombre demasiado viejo, demasiado joven, raro, demasiado lindo, demasiado flaco, brillante, esquivo, calvo, con buen humor, muy gordo, extrovertido, religioso, melenudo, feo, bastante culto, un poco miope, atlético, bastante pendenciero, barbudo, exitoso, dueño de un gran talento musical. Mi padre podía ser padre de otras hijas y otros hijos”
Debería haberlo dicho: en la novela el personaje centra que es una niña de trece años, pareciera estar buscando a su padre. Pero eso no es más que una excusa para confundir a los críticos.
Lisboa escribe con ritmo inusual: canta. Ese ritmo –si hubiera que ponerle un rótulo- leería: “Cadencia atonal que construye melodías incómodas y dulces como el mamey”.
Me gusta como escribe Adriana Lisboa, que no importa que sea carioca, y que escribe para una multitud de miradas desde un lugar carente de nombre. Digo: hace años que un escritor latinoamericano (por llamarlo de alguna manera) no irrumpía fuera de los márgenes mezquinos de la irracionalidad nacionalista para postularse universal. Lisboa hace precisamente eso, quizá sin proponérselo. Aunque me permito dudarlo.
En enero voy a entrevistarme con la mujer que lleva el nombre de una capital tercermundista-europea. El encuentro tendrá lugar en Denver, el objeto: un film documental. Hace mucho que no filmo escritores. Hace mucho que un escritor no despierta en mí esa curiosidad de la que pocos fueron dignos. Por ahora, la idea de regresar a Denver me entusiasma con el rigor de un azul poco frecuente.

Uau, isso é um comentário que leva o leitor, pega em sua mão e abre a primeira página do livro: “O ano começou em julho. O lugar era estranho.” Vamos a esse encontro marcado.
beijo, ótimo Natal e Ano Novo,
vera
En enero voy a entrevistarme con la mujer que lleva el nombre de una capital tercermundista-europea. Só para dizer que é de muito mau gosto, e evidência de crassa ignorância, pois não creio que se trate de ironia, associar Lisboa a tercermundista (tomando a asserção no sentido perjurativo). Lisboa, como a Adriana deve saber, é uma cidade organizada, mesclando tradição e modernidade, com indicadores de qualiddae elevados em todos os parâmetros. O que me preocupa, nesta minha preocupação que não interessa para coisa nenhuma, é que quem aprecia Adriana não saiba do que fala acerca de Lisboa.
Eduardo, Lisboa é uma das cidades que mais adoro no mundo, e a levo com carinho no nome (com a ulterior coincidência de ter nascido num 25 de abril).
Talvez o autor da resenha me explique, adiante, esse adjetivo, que penso também não se aplicar a Lisboa, pelo que dela conheço. Vejamos.
Um abraço e obrigada pelo seu comentário.
Para emendar um malfadado erro ortográfio em meu comentário: pejorativo e não perjurativo.
Con referencia a los adjetivos peyorativos, las ciudades y el tiempo:
Me llama poderosamente la atención, que la sutil referencia no haya sido percibida del modo prevista. Será quizá los años de laboriosa impronta de la corrección política que una vez más nos lleva a pensar en esos términos. En este caso la caracterización no es peyorativa sino apropiada a la realidad del tiempo referido. Veamos: No me hablo al entrañable sabor de sus escalinatas, ni al encantador ensueño de sus recovas, ni a la sublime belleza natural de la bahía, ni de los inolvidables efluvios de las brasas tostando la escamada sardina en una tarde de octubre. No, el comentario refiere a la coyuntura socioeconómica de una ciudad (de un país) que no escapa al atraso que caracterizó a la península ibérica hasta mucho después del fin del fascismo y la unificación europea. ¿Hiere? Seguramente. Esto no cambia las circunstancias que determinaron el uso de un adjetivo que viene a definir Lisboa de manera cabal en tiempos en que Adriana hereda aquel nombre. Adoro Lisboa, pero tener que decirlo me avergüenza porque significa que la reseña no estuvo a la altura del lector, o viceversa. Suele suceder.
Eduardo Montes-Bradley
Charlottesville, VA
Gracias por tu respuesta, Eduardo. Un abrazo y hasta pronto.